Escribimos juntas historias riquiñas

Riquiñistories: Manual para servir tazas de café

Riquiñistories: Manual para servir tazas de café

Antes de nada, desnúdate. Despréndete de tu cuerpo y sé cualquier otra cosa. Una cebolla, por ejemplo. Es un ejercicio simple, aunque complejo si no sueles acceder a tus máscaras. Si te cuesta, ponte entonces todas las capas que puedas, como cuando en el aeropuerto no te caben ni cien gramos más en la maleta y te enfundas jerséis hasta que te conviertes en una momia.

Cuando te halles en cueros, no temas. Métete en una habitación, hazla tuya, y observa el mundo desde allí. Di sí, un sacrosanto sí a todas las cosas verdaderas de tu vida, a las que (solo tú) puedes ver: tus ojos, los suyos, la calle gris y ventosa, las decoraciones navideñas, la muerte del último abedul. Deja que tu voz hable. Estás en tu refugio, a salvo.

Una vez que estés cómoda, cuando te sientas invulnerable, haz lo contrario. Sal de la cueva, ve a la selva que es la calle repleta de comercios, que es la cola en el supermercado, que es la playa y los turistas y sus plásticos y las quemaduras de tercer grado de sus hijos. Acumula experiencias y recuerda que todo es abono para tu musa: lo bueno, lo malo y lo regular.

Olvídate también de las listas. En el mundo creativo, solo sirven tus enumeraciones. Sírvete de técnicas y encuentra tu propia manera, la que te sirva para contar para qué estás aquí.

Y si lo que escribes te duele, ponlo delante. Sienta a tus demonios a la mesa y hazlos hablar. Pásalos al papel y dales forma. Esta capa es gruesa y difícil de retirar, porque siempre lo son las que albergan tesoros. Este es uno con trampa, porque abre la puerta del camino más largo: el de acceder a tu talento. Deja de evitarlo, no le hagas la cobra, dedica tiempo y energía a encontrar qué te hace diferente y especial.

Busca de manera incansable tu universo de palabras. Olvida las grandes, las largas y extravagantes. Decántate por las que te llegan a ti, y deja atrás lo que has visto tantas veces que ya no aporta nada. Compra de paso unas tijeras, practica la cirugía con tus frases. Utiliza un lenguaje simple y cárgalo de significado.

Evita, por encima de todas las cosas, esconderte detrás de un árbol. Identifica primero la cantidad de veces que lo haces y por qué. Verás que pasa más veces de las que quisieras. Si vas a escribir, comprométete con eso. Y deja la voz pasiva, por favor. Sobra decir que utilizarla es una evidencia de que aún estás en el aeropuerto con todos esos jerséis puestos.

Si llegas aquí, si lo logras, olvida estos imperativos. De nada te van a servir porque nada tienen que ver contigo. Dedícate a servir tazas de café. Hazlo hasta que se conviertan en fuego solar. No te asustes; cuando ocurra, sabrás que, durante ese instante, habrás alcanzado la gloria.

 

¡Felices #riquiñistories, darling!

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